Menuda bomba amigos. Este juego retuerce tu escroto, le da la vuelta y luego lo aprieta hasta que tu testículo cruje. Si quieres buscar esta mórbida sensación, dale un tiento al Bioshock Infinite.
¿Porqué esta gran introducción? Porque lo que estoy analizando en este artículo es nada mas y nada menos que un gran juego. Un análisis cultural, un ensayo filosófico aplicado al virtuoso mundo del videojuego, nada más y nada menos que de la mano del maestro Ken Levine (no confundir con Adam Levine, cantante de Maroon 5) y su estudio Irrational Games. Básicamente me dispongo a poner los dientes largos a toda persona que no haya jugado aún a este juego.