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Una historia de vacaciones en Roma, pero no bonita como la de Audrey Hepburn, sino triste y neorrealista como la de los buenos italianos, falleció en la tierra de sus antepasados, tierra a la que
su personaje en la ficción, deseaba ir para reencontrarse con sus orígenes, hasta que se enfrenta
con el mezzogiorno y la realidad de
Nápoles, cuando Tony viaja al sur de la bota en la segunda temporada.
A Tony Soprano no le definía en lo personal
ser Italo-americano, como le decía a Silvio, cuando volvían a casa por la noche,
en aquel capítulo sobre el día de Colón:
“Déjame preguntarte algo, ¿todas las buenas
cosas que tienes en tu vida te pasan porque eres calabrés?...te diré la
respuesta ¡No!, tienes un hijo espabilado, que va a entrar en la uni…tienes una
mujer con un culazo ,al menos lo tenía cuando te casaste con ella…eres el
propietario de uno de los garitos de topless, con más beneficios de Nueva
Jersey…¿toda esa mierda te llega por ser italiano?, ¡No!, ¡La tienes porque
eres tú, porque eres listo!, ¡por lo que cojones sea!, pero la autoestima no te
llega por tus orígenes, por Colón, o por El Padrino…”
